Lucha de Poder: David un Rey sanguinario (2)

24 julio, 2019 0 Por Marcelo Wall
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Victoria de David, por Nicolás Poussin, en 1628.

David, el compositor de muchos Salmos, no fue solamente un músico o canta-autor. En este artículo se tratarán algunas de las mañas y otras manías que este Rey estratégico tenía.

Matando a mensajeros

Dos mensajeros perdieron su vida ante David y cuatro estuvieron muy cerca. De estos dos el autor del libro de Samuel cuenta que al haber muerto Saúl, un amalecita le lleva la noticia a David. El amalecita se muestra como fiel servidor al rey en mando (David), al haberle matado a Saúl según su pedido y al entregarle la corona y el brazalete a David, el sucesor (2 Sam 1:9-10). Pero David lo maldice y lo manda matar al instante (2 Sam 1:15-16). Poco le interesa si era verdad de que lo haya matado el amalecita a Saúl (2 Sam 1:10), o si fue Saúl mismo quien se quitó la vida (1 Sam 31:4-5). Lo más lógico parece ser que el amalecita quiso aprovecharse de la situación y ganarse algo de favor ante su nuevo rey, pero el tiro salió por la culata.

David recibiendo la noticia sobre Isboset. Manuscrito medieval, Francia, ca. 1244-1254 , MS M.638 fol. 38v

No hay recompensa por cabezas

Más tarde en la historia Recab y Baná tratan de ganarse el favor con el rey David, al asesinarle al hijo de Saúl, Isboset, y llevarle a David la cabeza restante (2 Sam 4:7-8). De nuevo, David manda a matar a estos dos hombres. Pero no solo eso. Parece que quiso hacer un punto final a las matanzas de sus enemigos, al mandar que «además les cortaran las manos y los pies, y colgaran sus cuerpos junto al estanque de Hebrón» (2 Sam 4:12). Queda claro que David no se asustó por una cabeza cortada, pero que sí pensó que la gente se asustaría del castigo de mutilar a los «asesinos». Se debe entender que David actúa en formas diferentes con asesinatos cuando es una situación privada y cuando es una situación pública.

La gente del palacio y los soldados ya conocían el obrar de su rey. Cuando el bebé de David murió, el cual tuvo con Betsaé, los soldados se pusieron en grupo para dejarle saber a David qué pasó. Pues, «los oficiales de David tenían miedo de darle la noticia» (2 Sam 12:18). Luego un egipcio parece haber escuchado del modus operandi davídico. Le exige a David un juramento de no matarle al llevarlos a los lugares sin ser vistos por los enemigos (1 Sam 30:15).

Joab matando a Abner, por Granger, en 1250.

La experiencia advierte

Joab, el comandante y cómplice de David en el asesinato de Urías, le advierte a dos mensajeros diferentes de cuidarse del rey al llevarle noticias. Joab también conocía muy bien el modus operandi de David. Como ya mencionado arriba, el mensajero de la pérdida de batalla para matarle a Urías, es advertido de tener la respuesta clave ante el eventual enojo del rey. Como Joab anticipa: «tal vez se enoje» (2 Sam 11:20).

Otro advertido por Joab es Ajimaz, hijo de Zadoc, el sacerdote de David. Cuando Joab le mató a Absalón, Ajimaz quiere ir a comunicarle al rey qué pasó. Joab le dice: «No le llevarás esta noticia hoy» (2 Sam 18:20). Al insistir Ajimaz, Joab le explica: «¿para qué quieres ir? ¡Ni pienses que te van a dar una recompensa por la noticia!» (2 Sam 18:22) El joven Ajimaz igual va, pero al llegar se da cuenta de que David no parece el padre amoroso como él se lo imaginó. Por lo tanto simplemente dice: «vi que se armó un gran alboroto, pero no pude saber lo que pasaba» (2 Sam 18:29).

Finalmente es el cusita que inteligentemente sabe brindar la mala noticia al rey. En vez de decir que su hijo falleció, le honra al rey al maldecir todos los demás enemigos de David: «¡Que sufran como ese joven los enemigos de Su Majestad, y todos los que intentan hacerle mal!» (2 Sam 18:32) Así no fueron matados al llevarles la peor noticia de todas al rey David.

¿Para qué complicarse?

La permisividad de David lo hace muy cuestionable en su justicia, en especial en su vida privada y familiar. Es entre su propia gente que deja desapercibido los asesinatos de Abner a Asael (2 Sam 2:22-23), al hacer un pacto con Abner justo después de esto. Asael era el hermano de Joab, quien era el comandante del ejército de David. David participa de una violación y es participe, aunque esta vez en ignorancia, de la violación de su propia hija Tamar. Amnón la lleva a cabo y David no hace nada. Esto es la situación de muchas personas hoy en día, cuando la justicia no toma cartas en el asunto, la gente se vuelven jueces y buscan su propia justicia.

Absalón le muestra a su padre lo que él sintió, al violar públicamente a las concubinas de su padre (2 Sam 16:22). Violación, porque no se puede imaginar que fueron preguntadas. Además Joab mismo le reclama esta pasividad a David al decirle algunas palabras muy duras: «Hoy Su Majestad ha llenado de vergüenza a todos sus siervos que le salvaron la vida, y la de sus hijos e hijas y esposas y concubinas.¡Usted ama a quienes lo odian, y odia a quienes lo aman!« (2 Sam 19:5-6)

Esta permisividad que inició al no castigar a su primogénito Amnón, llevó al desastre familiar de la casa de David que queda registrada por el mismo autor de los libros de Samuel.

Rey David, por Marc Changall.

La dulce venganza

La venganza parece haber sido parte de la vida de David. Primero, Nabal (נָבָל = necio) que no le trata bien a David, es salvado por su esposa «bella e inteligente». El corazón blandito de David ante las lindas mujeres se tratará en el próximo artículo. Pero le cuesta toda su inteligencia, su belleza y «doscientos panes, dos odres de vino, cinco ovejas asadas, treinta y cinco litros de trigo tostado, cien tortas de uvas pasas y doscientas tortas de higos» (1 Sam 25:18), además de postrarse y arrojarse a los pies de David (1 Sam 25:23-24).

En su lecho de muerte, aunque esto ya aparece en los primeros capítulos del primer libro de Reyes, David da instrucciones a su sucesor Salomón. Aparte de instruirlo que siga las leyes y preceptos de Dios, para establecer su reino (1 Rey 2:2), le encomienda además lo siguiente: 1) Que mate a Joab, uno de sus más fieles compañeros de batalla (1 Rey 2:5-6), y 2) que mate a Simei, el benjaminita, de donde era Saúl (1 Rey 2:8-9). Lo más curioso de todo esto es que David explícitamente resalta la sabiduría de Salomón para realizar esto: «porque eres hombre sabio« y «sabrás lo que debes hacer con él y harás que desciendan sus canas con sangre al Seol» (1 Rey 2:9).

El rey David colocado en una tumba, de un manuscrito medieval.

No fue sin razón que Dios dijo:

“Tú has derramado sangre en abundancia, y has emprendido grandes guerras; no edificarás una casa a mi nombre, porque has derramado mucha sangre en la tierra delante de mí

1 Crónicas 22:8