El Mesías en el Antiguo Testamento – Parte 1

31 octubre, 2019 0 Por Marcelo Wall
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9 min.
El Mesías, por Freydoon Rassouli

En Juan 1:41, Andrés le informa a Simón (Pedro) su hermano que «Hemos hallado al Mesías» y se añade una explicación, «que traducido quiere decir Cristo» ¿Por qué muchos de los judíos no creyeron que Jesús fue el Mesías? ¿Acaso no leyeron su Biblia? ¿Será que no les era tan obvio como lo es en nuestros días quizá? Estas y muchas otras preguntas surgen al pensar en el Mesías en el Antiguo Testamento. Esto será una serie de cuatro artículos acerca de Jesús el Mesías a lo largo de la Biblia y otros textos judíos de los tiempos bíblicos.

¿Qué significa Mesías?

En primer lugar, ¿qué significa la palabra Mesías (מָשִׁיחַ)? Es una palabra hebrea que significa «ungido». En la LXX (Septuaginta, traducción griega del AT), la palabra Mesías es muchas veces traducida por χριστος (Cristo). De allí la palabra el Cristo que es una traducción de la palabra Mesías como lo informó Andrés en Jn 1:41, ambas significando lo mismo: «ungido». Ahora, ¿qué tiene de especial un ungido? Veamos como el Antiguo Testamento responde esta pregunta.

Por Claude Vignon, en ca. 1650

Los ungidos en el AT

En primer lugar se debe explicar una cuestión desde la perspectiva cristiana. Los que tenemos y conocemos la historia de Jesús y el Nuevo Testamento, estamos en una ventaja. Es como si ya conocemos el final de la historia, y nos asombramos del poco entender de la los discípulos y compatriotas de Jesús. Además no todos los textos de un Mesías en el Antiguo Testamento apuntan necesariamente a algo futuro o a una persona como Jesús necesariamente.

El Pentateuco, la Torah[1]

En los 5 primeros libros de la Biblia, la Torah o también llamado el Pentateuco, los ungidos son los sacerdotes. Pero no aparece ningún sacerdote futuro o especial. Aunque no estén relacionados con un Mesías o un «ungido», encontramos referencias a un rey futuro (Gen 49:10; Num 24:17) y un profeta futuro (Deut 18:15, 18, 19).

Génesis y Números predicen un gobernante

Dos textos sobre reyes victoriosos futuros se encuentran en la bendición de Jacob por sus doce hijos (Gen 49:10) y también en las bendiciones de Balaam a Israel (Num 24:17).


No se apartará de Judá el cetro,
ni el bastón de mando
de entre sus rodillas,
hasta que llegue aquel
a quien le pertenece
y a quien obedecerán los pueblos.
Lo que veo, no sucederá en seguida;
lo que contemplo, no está cercano:
una estrella sale de Jacob,
un rey surge en Israel
que aplastará las sienes de Moab,
el cráneo de todos los hijos de Set.
Génesis 49:10 (BLPH)Números 24:17 (BLPH)

¿De quién se está hablando? Los cristianos diríamos «Jesús, es obvio». Pero podría referirse a cualquier gobernante futuro (ej. David) desde la perspectiva de Jacob o Balaam. Por lo tanto, una bendición con esperanza de una figura gobernante teniendo los pueblos a sus pies.

Por Lidia Kozenitzky

Deuteronomio predice un profeta

La segunda figura futura, aunque nuevamente con ninguna conexión con «ungido» es el profeta prometido en Deut 18:15


El Señor tu Dios levantará de entre tus hermanos un profeta como yo [Moisés]. A él sí lo escucharás… pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. Si alguien no le presta oído… yo mismo le pediré cuentas.

Deuteronomio 18:15-19 (NVI)


Este texto Pedro lo cita en Hechos 3:22-23 para explicar lo que sucedió con Jesús y porqué ahora todos deben seguirle y escucharle. Pero siendo justo con Moisés y sus contemporáneos, sería difícil imaginarse esto a partir de esta frase. Más bien podrían haber entendido algo como Josué, Samuel o como parece indicar el libro de Reyes al profeta Elías similar a Moisés (1 Rey 19:8-12). Nuevamente queda una figura poco clara pero futura y en este caso con una función de profeta, vocero de Dios.

David y los salmos

Una cuestión que siempre está asociada con el Mesías es la línea de David. En los libros históricos y los salmos, los ungidos ya son sacerdotes, reyes y eventualmente uno o dos profetas. Esta asociación encontramos a menudo a través de toda la Biblia a partir del final climático de Rut (Rut 4:22). Los cuatro Evangelios conectan a Jesús con David de alguna manera (ej.: Mat 1:1; Mar 12:35; Luc 1:32; Juan 7:42). Esto sale de una interpretación del pacto de Dios con David (2 Sam 7:12-16), y los posteriores salmos reales y posiblemente mesiánicos (ej.: Sal 2; 89; 110; 132).[2]

2 Samuel 7

El profeta Natán es enviado a hablar a David de parte de Dios. Estas palabras vienen en respuesta de que David le quería construir una casa a Dios (un templo), y es Dios quien le promete construir una casa (dinastía):


El Señor te edificará una casa. Cuando tus días se cumplan… levantaré a tu descendiente después de ti, el cual saldrá de tus entrañas, y estableceré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino para siempre. Yo seré padre para él y él será hijo para mí.

2 Samuel 7:11-14


Nuevamente, en primer lugar, esto se refiere a Salomón que construye el templo (1 Rey 6:1). El factor eterno de su trono tenía que ver con la dinastía y descendencia real, no necesariamente el poder de Salomón mismo. La relación paternal (padre-hijo) demuestra desde la perspectiva de Natán y David más probablemente una muy buena y cercana guía. Esto está también demostrado en la aprobación de Dios en 1 Reyes 3:10-12, cuando Salomón no pide fama o poder, sino sabiduría para gobernar bien a su pueblo. Sin embargo, en la retina del cristiano ya casi se pueda notar a Jesús a la derecha de Dios.

La esperanza de la continuación de la dinastía queda registrada en la finalización del libro de los Reyes ya estando los judíos en el exilio. En 2 Reyes 25:27-30 se lee como al «rey de Judá» Joaquín le es dado ropa digna y un lugar en la mesa del rey de Babilonia y cuidando de el a lo largo de su vida. El autor indica que este último rey de Judá murió olvidado en la prisión babilónica, sino que siguió con vida, y quién sabe, quizá pueda incluso volver a su tierra.

David, por Adamo Tadolini, foto: Yair Haklai.

Los salmos reales

Los salmos reales o de coronación, se piensa que fueron empleados para festividades en tiempos de coronación de reyes. Dos de estos están cercanamente conectados con algo más allá de una coronación normal.

Salmo 2

El Salmo 2 menciona explícitamente al ungido de Yahvé: «


Se levantan los reyes de la tierra,
y los gobernantes traman unidos
contra Yahvé y contra su Ungido

Salmo 2:2


Aquí tenemos poderosos contra el Mesías de Yahvé. ¿Debe ser este Mesías una figura futura? Podría ser, pero también podría simplemente referirse al rey consagrado. Un ejemplo sería Salomón, ya que el Salmo 2 hace eco al pacto davídico de 2 Sam 7:14:


Ciertamente anunciaré el decreto del Señor
que me dijo: «Mi Hijo eres tú,
yo te he engendrado hoy.»

Salmo 2:7


Este Salmo es citado/aludido muchas veces en el Nuevo Testamento con relación a Jesús como el Mesías (Mat 3:17; 17:5; Mar 1:11; 9:7; Luc 3:22; 9:35; Hch 4:25-26; 13:33; Rom 1:4; Heb 1:5; 5:5; 2 Ped 1:17; Apoc 11:18; 19:19).[1] Está conectado con el pacto con David y luego juntado con el cetro de Judá, en la idea real de que Jesús fuese el Hijo elegido. Es decir el rey elegido. Cabe notar que la unción de Jesús es muy diferente a un rey político. Jesús es ungido por el Espíritu Santo y no con aceite. En cierto sentido es algo diferente a un líder político.

Salmo 110

Aquí tenemos otra mezcla explosiva de ideas teológicas. En primer lugar el salmo es atribuido a David, siendo este el que habla y dice dos cosas que rompen esquemas:


Dice Yahvé a mi Señor:
Siéntate a mi diestra

Tú eres sacerdote para siempre
según el orden de Melquisedec.

Salmo 110:1, 4


Este texto utiliza Jesús para explicar que David tenía por lo menos dos Señores (Mar 12:36-37). Uno de ellos Dios y el otro sería el ungido o el Cristo.[3] La otra dinamita que lanza el salmista es que aquí el ungido a la diestra de Yahvé no solo es rey, sino también sacerdote. Es aquí donde se juntan las dos ideas de ungidos, sacerdotes y reyes. De que sea según el orden de Melquisedec es importante también, en especial para el libro de Hebreos, pero se tratará en un futuro artículo.

Pero no parece que se les haya pasado por la cabeza todas estas ideas de un Cristo futuro a la gente en tiempos de David. Ya que David fue el salvador en esos tiempos. Los liberó de los enemigos del pueblo de Dios, conforme al corazón de Dios. Pero es esto los rudimentos de una teología de un Mesías, un Cristo futuro que había de venir.

Conclusión

En síntesis se puede decir que en el pentateuco, los libros históricos y los salmos tienen ciertas semillas para la idea del Mesías que iba a brotar de ellas. A la pregunta inicial del por qué los contemporáneos de Jesús no lo vieron tan obvio, se podría responder que es justamente lo ambiguo que pueden ser estos textos con los referentes (a quién se refieren). Pero la bendición de un gobernante y profeta futuro, quedó David obteniendo un pacto eterno de Dios. Sobre esta base los salmos reales han asociado el Hijo de Dios como un ungido rey y sacerdote. Pero esta unión de todas estas partes del rompecabezas no encontramos en el AT.



[1] Longman, Tremper. “The Messiah: Explorations in the Law and Writings.” En The Messiah in the Old and New Testaments, editado por Stanley E. Porter, 13–34. Grand Rapids, MI, EE.UU.: Eerdmans, 2007.

[2] Collins, John J. The Scepter and the Star: Messianism in Light of the Dead Sea Scrolls. Grand Rapids, MI, EE.UU.: Eerdmans, 2010. Pág. 25

[3] Allen, Leslie C. Psalms 101–150. WBC vol. 21. Dallas TX, EE.UU.: Word. Pág. 119.