Lucha de Poder: Saúl consulta a los muertos

19 junio, 2019 0 Por Marcelo Wall
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«Aparición del Espíritu de Samuel», por Salvator Rosa, en 1668.

Saúl había perdido su vida, la de sus hijos, su reino, y toda la dinastía. Al seguir su obstinación de eliminar su rival político, se olvidó de sus amenazas externas. Los filisteos no dudaron en planear un contraataque por el norte, sabiendo que su máximo rival, David, no estaría en las filas Israelitas. Qué mejor momento para atacar con todo, ya que su propio héroe Goliat había sido vencido por este mismo guerrero, llamado David. Sería como si el Real Madrid supiera que Messi no estaría jugando más para el Barcelona, buscando refugio en la ciudad de Madrid.

Pero antes de este enfrentamiento, el autor de los libros de Samuel provee un fascinante acontecimiento por parte del rey Saúl en búsqueda de la voluntad divina. Saúl, en toda su inseguridad (más aquí), buscó respuesta de Dios acerca de la batalla. Habiendo apostado su familia para salvaguardar su poder (más aquí), ahora instrumentaliza lo sagrado como medio para alcanzar su fin obsesionado.

Saúl negocia lo sagrado

Saúl, inseguro de sí mismo, al ser llamado a la guerra por los filisteos nuevamente, él quiere saber la voluntad divina ante la batalla próxima. En el Antiguo Testamento habían tres formas más generales legítimas de implorar a Dios que revele su voluntad ante hechos concernientes a todo su pueblo en conjunto, en especial a los líderes del pueblo: 1) los sueños/visiones, 2) el Urim y Turim, y 3) los profetas. Estas tres vías eran legítimas, en contraste con la astrología, consultar a los muertos (necromancia), y otras maneras de tratar de conocer la voluntad divina. Y Saúl ya había tratado por estas tres vías legítimas conseguir la voluntad de Dios, para saber si debería ir a la guerra o no:


Y Saúl consultó al SEÑOR, pero el SEÑOR no le respondió ni por sueños, ni por Urim, ni por profetas.

1 Samuel 28:6 (LBLA)


La adivina de Endor

Saúl indica que necesita, de nuevo obsesionadamente, a una «médium» o «espiritista» (1 Sam 28:7). La palabra hebrea para esta persona es בַעַלַת־אוֹב que se leería ba´alat-ob, y significa literalmente «dueña del espíritu» y quiere decir nigromante. La necromancia/nigromancia fue una práctica conocida en casi todas las culturas antiguas como la sumeria (babilonia), la egipcia (ej. Cartas a los Muertos), la hitita (ej. Protocolo de Necromancia), la canaanea (ej. 1 Sam. 28:7), la griega (ej. la Odisea), etc.[1] Interesantemente Wikipedia lista 61 videojuegos que contienen la necromancia como parte de su contenido. En el Antiguo Oriente, el mundo del Antiguo Testamento, estas prácticas eran comunes.

Šamaš, dios del sol en el inframundo

Para Saúl era importante disfrazarse, porque había sido él quien había «echado de la tierra a los médium y espiritistas» (1 Sam 28:3). Además, de noche (1 Sam 28:8) era un buen tiempo para que la invocación de los espíritus sea más exitosa. El nombre «dueña del espíritu» (ba´alat-ob) es casi idéntico a un epíteto (título de un dios) del dios Šamaš (Shamash) de Mesopotamia, quien era el dios del sol.[2] Era el dios de la justicia, representado por el sol. De día juzgaba la tierra y de noche al inframundo. Por lo tanto la «dueña del espíritu» podría trabajar mejor con los muertos durante la noche. Šamaš es el dios que le dio las leyes a Hammurabi para su gente.

El dios Šamaš en un relieve muy antiguo. Los soles arriba y la luna indican sus esferas de gobierno.

Quizá el lector pensará que esto no puede tener que ver con el texto bíblico. Pero se deberá contestar que los hititas, al norte de Canaán tenían la misma idea, y que se había infiltrado en los cananeos. Cabe destacar que Šamaš es muy parecido a como se dice «sol» en hebreo: šemeš (shemesh), y que las leyes de la Torá son parecidas a las del código de Hamurabi. Esto no es copia, sino un mundo compartido por varios pueblos que tienen muchas cosas en común.

El encuentro


…llegaron a la mujer de noche, y él dijo: Te ruego que evoques por mí a un espíritu, y que hagas subir al que yo te diga… 11 Entonces la mujer dijo: ¿A quién debo hacerte subir? Y él respondió: Tráeme a Samuel. 12 Cuando la mujer vio a Samuel, clamó a gran voz; y la mujer habló a Saúl diciendo: ¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!… Veo a un ser divino subiendo de la tierra14 Y él le dijo: ¿Qué forma tiene? Y ella dijo: Un anciano sube, y está envuelto en un manto. Y Saúl conoció que era Samuel

1 Samuel 28:6-14 (LBLA)


Casiodoro de Reina sobre 1 Samuel 28, sacado de la Biblia del Oso, 1era edición (1569).

Este relato es muy curioso y misterioso. Saúl pide que le «haga subir» a Samuel (1 Sam 28:8), y luego la mujer lo ve «subiendo de la tierra» (1 Sam 28:13). Ya en la primera Biblia traducida al castellano, Casiodoro de Reina había introducido este capítulo en 1569 diciendo: «Saúl … consulta al diablo por una Phitonissa. El diablo, en figura de Samuel, le anuncia desastrado fin, a él y a sus hijos…» Así lo asocia directamente al diablo. Pero aquí no debe regir nuestra manera de ver las cosas, sino el texto como quería ser leído en su tiempo de composición.

El texto dice que Saúl pide que se le traiga a Samuel. El narrador mismo relata que «la mujer vio a Samuel» (1 Sam 28:12) y que «Saúl reconoció que era Samuel» (1 Sam 28:14). El texto parece oponerse algo a lo que Casiodoro Reina había explicado. Además el ser que habla con Saúl está en total acuerdo con lo que Dios había decidido, y que no había más oportunidad para Saúl al ir a la guerra.

¿El diablo o Samuel?

Se describe a Samuel como un «espíritu» (1 Sam 28:8), un «ser divino» (1 Sam 28:13) y un «anciano envuelto en un manto» (1 Sam 28:14). Estos tres términos, espíritu, ser divino (en hebreo en plural) y anciano envuelto en un manto, son formas de describir a una persona muerta que ahora existe en una forma más que natural.[3] Esto se puede ver cuando se traduce «muertos» en Isa 8:19, siendo esta la misma palabra de «ser divino».

Lo que aparece no es el diablo, ni un dios, ni un demonio. El susto que tiene la mujer no es por verle a Samuel, sino que al verlo se da cuenta de quién lo ha pedido para que le haga subir, es decir Saúl. Y era él justamente la amenaza más grande para los nigromantes, no los muertos ni los demonios. Lo difícil de asimilar es justamente lo que Samuel le dice a Saúl: «mañana tú y tus hijos estarán conmigo« (1 Sam 28:19). Lo que Samuel quiere decir es que Saúl y sus hijos estarán muertos, en el Sheol.

Conclusión Latinoamericana

Escuchando bien lo que enseña la Biblia puede cuestionar algunas de nuestras creencias, pero habría que hacerse la pregunta ¿qué es más peligroso, creer lo que siempre hemos creído, o creer lo que la Biblia enseña? El deseo aquí no es atacar ninguna fe, sino de ayudar en crecer en la fe, viendo lo que la Biblia trata de enseñar.

Saúl en su inseguridad, obsesionado con su reputación, había vendido su familia y ahora también había instrumentalizado lo sagrado. Para toda persona en poder, y en especial en la iglesia, instrumentalizar lo sagrado para los propios fines es lo menos recomendable con por el autor de los libros de Samuel. El venderlo todo por mantener el poder tan deseado, no solamente fue problema de Saúl, sino que sigue siendo un problema donde los poderosos realizan un «autoblindaje» para hacerse del poder para toda la eternidad. Cualquier similitud con la realidad latinoamericana, quizá no es pura casualidad.




[1] John H. Walton, Zondervan Illustrated Bible Backgrounds Commentary (Old Testament): Joshua, Judges, Ruth, 1 & 2 Samuel, vol. 2 (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2009), 380–381.

[2] David Tsumura, The First Book of Samuel, NICOT (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2007), 622.

[3] T. J. Lewis, “The Ancestral Estate (naḥălat ’ĕlōhîm) in 2 Samuel 14:16,” JBL 110 (1991) 602–3