Lucha de poder 1: Dios y los hijos de Elí

22 mayo, 2019 0 Por Marcelo Wall
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7 min.
Samuel hablando con Elí, por John Copley, en 1780.

El libro de Jueces presenta al pueblo de Dios como una liga de tribus que trabajan en conjunto para protegerse de enemigos más fuertes. Dios solía levantar diferentes líderes (ej.: Otoniel, Débora, Gedeón, Jefté y Sansón), y cada vez que un líder era levantado, este ayudaba a la liberación y protección de este conjunto de las 12 tribus de Israel. El libro termina con la llamativa historia de un levita y su concubina, demostrando lo horrenda que había llegado a ser la vida dentro del pueblo de Dios. Las tribus se juntan a combatir las tribus malignas (Benjamín en este caso). Pero en comparación a este conjunto más bien suelto de las 12 tribus, los dos tomos del libro de Samuel presentan un cambio del manejo político en Israel. El libro de Samuel pinta al inicio la idea que Dios es el rey. Esta era una de las diferencias entre el pueblo de Dios y las demás naciones. La idea de que Dios es el rey, significaba políticamente que Dios se iba a proLos otros pueblos proclamaban más bien la idea que el rey es dios. que era la creencia normal de los diferentes pueblos, como también de Israel que dependía de la protección de este líder.


El libro de Samuel presenta el cambio político de «Dios es el rey» a «el Rey es dios«.

Halbertal y Holmes


Este cambio, desde el conglomerado de las tribus a una nación, tiene que ver directamente con la aceptación del concepto político que tenían las otras naciones. En su libro The Beginnin of Politics, Moshe Halbertal y Stephen Holmes, ambos profesores de la Universidad de Nueva York, ellos explican la lucha de poder que se da en el libro de Samuel. Algunas preguntas que pueden preparar el apetito de lo que se viene: ¿Será que existen luchas de poder en los libros de Samuel? ¿Quién lucha contra quién? ¿Todos quieren el poder? ¿El profeta Samuel también? ¿Será que David también, o solo Saúl? ¿Y qué del pueblo?

Según Halbertal y Holmes, todas las partes mencionadas luchan por el poder en el libro de Samuel. El libro inicia con la historia de Ana que ora por un hijo. La persona en el poder es Elí, pero este es introducido curiosamente por sus dos hijos:


«los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes del Señor allí.»

1 Samuel 1:3 – (LBLA)


Los hijos de Elí vivían según la idea contraria de que Dios sea el rey. Más bien gozaban de la vida como reyes, pensando que eran dioses. Todo lo que el libro de Samuel presenta sobre ellos es negativo. Abusando de su poder exigían una porción más grande para ellos, por lo que no dejaban que las personas podían ofrendar lo que se requería a Dios. Ellos «no conocían al Señor» (1 Sam 2:12). Peor aún, si alguien se atrevía a cuestionar su abuso, salía a luz lo maquiavélico de ellos, sacándole a la gente la ofrenda a la fuerza (1 Sam 2:16). Lo último que sabemos de ellos es que llevaron el arca del pacto a la guerra contra los filisteos. Esta decisión no fue la de Dios, sino fue un apoderamiento ilegítimo de los dos hijos de Elí. El poder de Dios, siendo el rey y encargado de la protección de su pueblo, quedó desplazado en este momento. ¿Cuál es el resultado de esta historia? Lo más trágico es la pérdida del arca del pacto, además de perder la guerra. Pero como lo explican Halbertal y Holmes, el autor del libro de Samuel, sin entre en muchos detalles, muestra como Dios iba obrando para que los hijos de Elí no siguieran al cargo de su pueblo. Este fracaso de los dos supuestos herederos de Elí, ocasionó la posibilidad de Samuel a tomar el lugar de su mentor: Elí. Obviamente el sacerdocio no era de poco poder sobre mucha gente. Samuel ya había sido reconocido como profeta anteriormente:


19 Samuel creció, y el Señor estaba con él; no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras. 20 Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel había sido confirmado como profeta del Señor. 21 Y el Señor se volvió a aparecer en Silo; porque el Señor se revelaba a Samuel en Silo por la palabra del Señor.

1 Samuel 3:19-21 (LBLA)


Recién en el capítulo 7, Samuel es instituido como Juez de la nación. La manera muy sutil del autor del libro de Samuel, es indicar que fue Dios quien había ocasionado la eliminación de la competencia corrupta. La forma sutil de combinar la intención destructora de Dios y la elevación de Samuel sale a luz en los siguientes versículos:


25 … Pero ellos no escucharon la voz de su padre, porque el Señor quería que murieran. 26 Y el niño Samuel crecía en estatura y en gracia para con el Señor y para con los hombres.

1 Samuel 2:25-26 (LBLA)


«Ana entrega su hijo Samuel al sacerdote», por Jan Victors, en 1645

Esto idea ya aparece en el cántico de la madre de Samuel, Ana. Es la sabiduría de una mujer simple, con una vida mayormente sufrida por la arrogancia de la otra esposa de su marido. No podía tener hijos y cuando por fin se cumplió el sueño, lo entregó y no estuvo más con él. Aunque el libro de Samuel trata de personas en poder, como Elí, Ofni y Finees, Samuel, Saúl y David, es justamente a través de personas marginadas que la sabiduría política florece como el mensaje subyacente. El cántico de Ana recita:


El guarda los pies de sus santos,
mas los malvados son acallados en tinieblas,
pues no por la fuerza ha de prevalecer el hombre.
10 Los que contienden con el Señor serán quebrantados,
El tronará desde los cielos contra ellos.
El Señor juzgará los confines de la tierra,
a su rey dará fortaleza,
y ensalzará el poder de su ungido.

1 Samuel 2:9-10 (LBLA)


Samuel crece y parece que el autor transmite que ahora sí ha llegado una persona según la voluntad de Dios. Elí y Samuel presentan las dos caras de la moneda del poder religioso en Israel en esa época. Pero como la política y la religión era una sola cosa (Dios es rey/el rey es dios), el poder era casi absoluto. Lo único que no podía hacer el líder religioso era asegurar la protección del pueblo. Esto lo hacía Dios.

Es evidente que el abuso del poder es algo que puede ocurrir en cualquier lugar y familia. Pero es tremendo que el libro de Samuel pueda hablar a una realidad vivida por mucho tiempo en América Latina, donde el abuso del poder es parte integrada del manejo político. El libro de Samuel hace un llamado no solo a los que tienen un poder gubernamental, sino que apela a todo miembro del pueblo de Dios a evaluarse a sí mismo. ¿Estamos consciente del poder que tenemos en la familia, con los amigos, con personas que piden un consejo, con personas que buscan ayuda? El abuso del poder siempre causa sufrimiento para familias y pueblos enteros. Pero empieza con las acciones de los individuos.

El libro de Samuel nos pregunta: ¿Qué refleja nuestro actuar: que Dios sea rey, o que logremos ser rey, para vivir como un dios?



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